
Tegucigalpa – Tiene 26 años de edad, y aun recuerda como ayer el día que salió de Honduras con rumbo hacia Carolina del Norte, "entusiasmado y con una mochila verde".
Su madre pagaría el "coyote" para que lo cruzaran a Estados Unidos y dejarlo en la puerta de su casa, tal como había pactado. "Julio M" ignoraba el monto de su traslado y peor aún los sufrimientos a los cuales se expondría, sin embargo lo único que añoraba era reencontrarse con su madre, quien había emigrado hacia Estados Unidos poco antes del año 2000.
"Fue muy duro, yo tenía 14 años en ese entonces y vi de todo; violaciones, gente que se caía del tren y era molida abajo, acoso, de todo vi pero cuando uno va pagando el 'pollero' si hay amenazas se supone que lo cuidan o lo defienden", sostuvo el hondureño tras llegar al aeropuerto Toncontín en calidad de deportado.
"Tuve un accidente de carro, y me metieron a prisión por cuatro años. Luego me deportaron...yo iba tomado y ya había cometido otras faltas", relata "Julio M" a Departamento 19.
El joven –que ve incierto su regreso hacia Carolina del Norte y más aun el comenzar de cero en Honduras- lastimó de su deportación los sacrificios de su madre por llevarlo del país y el infringir las leyes en aquella nación.
Años después, "Julio M" se dio cuenta que "doña María" había cancelado 3 mil dólares hasta México y 2 mil dólares más para culminar su travesía. El migrante aduce con frialdad que esos montos "no son nada comparados con los que cobran ahora los polleros", sostuvo.
"Un primo cruzó hace poco y le cobraron cerca de 13 mil dólares, lo detuvieron, lo secuestraron y no lo dejaban pasar al norte hasta que mi tío llamó de USA, pagó un poco más y lo liberaron", explicó.
Otros de sus compañeros retornados, originarios de su natal Tocoa (occidente del país) sostuvieron que "ir para arriba está bien caro, si queremos llegar hay que pagar bien y si no tenemos el pisto con suerte y no nos maten".
Pero la odisea de un hondureño no acaba ahí. Según los retornados, los coyotes les cobran altas sumas de dinero por llevarlos hasta Estados Unidos, pero ya una vez en la frontera los dejan a su suerte; "luego llegan los de la border patrol y nos detienen...imagínese todo lo que sufrimos queda en nada, y aunque después nos comuniquemos con la familia de nada sirve", refieren.
Aseguran que el 'coyote' no trabaja solo: tiene un equipo para coordinar todo el viaje. Hay quienes nos conducen en México y nos llevan hasta donde se inicia el recorrido (de a pie); a otros, los recogen en camionetas en la frontera cuando llegan a Estados Unidos e incluso "hay chequeadores para evitar que las autoridades frustren los planes", relatan.
Cuando actúan de forma contraria o "se echan para atrás", el destino del centroamericano es incierto.
"Andamos el desierto por más de cuatro días, sufrimos hambre y sed; si corremos nos persiguen y fácilmente nos detienen...y aquí estamos sin sueños, a comenzar de cero y volver hacer el dinero para irnos", detallan sin inmutarse al mostrar el otro lado de la realidad.
Y es que reunir altas sumas de dinero ya es parte de su itinerario; montos que son sufragados –en su mayoría- por sus parientes en la unión americana, y que serán remunerados una vez que lleguen y comiencen a trabajar, aseguran.
"Es el alto precio que tenemos que pagar si queremos mejorar y darles lo mejor a nuestras familias", sostienen.
D/19
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